El Jubileo, una invitación a volver al sueño de Dios

El domingo 23 de noviembre un grupo de adultos que venía preparándose para celebrar el Jubileo, ha culminado su etapa con la peregrinación. Juntos han cruzado la puerta santa en la parroquia de San Juan en Telde, uno de los cuatro lugares establecidos en la diócesis para ganar el Jubileo. Allí han celebrado la eucaristía junto a toda la comunidad cristiana en la eucaristía con las familias y Estefanía ha dado su testimonio de lo que ha supuesto para ella. Todo un tiempo para dejar hacer a Dios, reconocer su llamada y confiar en su acción renovadora, así como de acción de gracias por todo lo vivido y compartido.

(Testimonio de Estefanía)

Hoy quiero dar testimonio de lo que Dios ha hecho en mi vida a través de esta experiencia de Jubileo. Cuando comenzó este camino, no imaginaba hasta qué punto el Señor iba a tocar mi corazón. Este tiempo ha sido para mí una invitación a volver al origen, a dejar que Dios renueve lo que estaba cansado, a escuchar de nuevo su Palabra con la frescura de quien sabe que siempre tiene algo nuevo que ofrecer.

El Jubileo ha sido una oportunidad para detenerme, mirar mi historia con sinceridad y reconocer la misericordia de Dios presente en cada etapa. He descubierto que Él nunca se cansa de llamarme, incluso cuando yo misma me siento pobre o limitada. Su voz no ha sido un ruido fuerte, sino un susurro constante que me decía: Confían, estoy contigo. He sentido que me daba la gracia de perdonar, de reconciliarme conmigo misma y de abrirme a los demás con un corazón más libre.

Y en medio de este silencio, de esta vuelta a lo esencial, llegó también la llamada del Señor. No fue algo espectacular, pero sí profundo. Sentí que Dios me invitaba a entregarle lo que soy y lo que tengo, a poner mis dones al servicio de la comunidad, a vivir mi fe con más autenticidad. Su llamada ha sido un recordatorio de que mi vida tiene un propósito en sus manos y que Él confía en mí más de lo que yo misma confío.

Hoy me pongo ante todos vosotros para agradecer a Dios por este Jubileo, por esta renovación interior, por la fuerza que me da para seguir caminando y por la alegría de saber que soy su hija y que Él me llama cada día a vivir según su amor.

Que el Señor nos conceda a todos la gracia de escuchar su voz y responder con un corazón disponible.

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